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Abre la puerta una niña de no más de 3 años que nos invita a pasar. Desde el fondo de la habitación, vienen corriendo sus hermanos, apoyando la invitación y la niñera a cargo, sin saber muy bien cómo reaccionar, se acopla a la voluntad general. Pasamos. Las galletas y caramelos son el denominador común en cada parte de la habitación. Todas las sábanas están sucias y el piso tiene una alfombra de papeles que nunca llegaron a la basura; incluso hay paquetes sin terminar. Tardamos más de lo pensado. Al día siguiente, la familia se va pero deja mucha evidencia de su paso por la habitación. Comida, ropa, objetos, todo queda desparramado por los rincones. Las toallas y sábanas manchadas, platos sucios por doquier. Tardamos más de lo planeado. Pero 40 minutos después, la habitación no revelaba ningún indicio de todo lo sucedido. Estaba perfectamente limpia y ordenada, preparada para alojar a una nueva familia. Y me hizo pensar en la vida… En cómo hay personas que llegan y hacen más desorden d...

Destruir la casa

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Cuentan que era tan pero tan chiquitita que nadie lograba distinguirla. Se la pasaba saltando de un lado al otro, siguiendo a los demás en un intento de ser reconocida. Pero en las noches, el dolor del día se volvía insoportable. Igualmente, sentía más el dolor del corazón; ese vacío que no se llena con nada y que parece ser un agujero en el cuerpo. Aún así, al día siguiente volvía a intentar, sin éxito, captar la atención de alguien. No le interesaba quién fuera la persona, ni el motivo que la llevaría a por fin prestarle atención. Pero nuevamente, volvía a casa con una enorme decepción. Un día, se cansó de corretear y saltar por todos lados, y decidió armar un picnic. Consiguió sus frutas favoritas, encontró la variedad de té que más le gustaba y se sirvió un jugo de naranja en una copa ¿Por qué en una copa? Bueno… ¿Por qué no? Y así, llevó una manta a un parque que siempre la tranquilizaba y se instaló en el centro, rodeada de pasto. Allí dejó las cosas a un lado y se acostó. No p...

Ascensor

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Me desperté sin recordar que había pasado antes, no sabía cuáles fueron los pasos exactos que me llevaron a estar contemplándome en el espejo de un ascensor. Estaba solo, el ascensor tenia el tamaño justo como para no sentirme asfixiado, y tampoco me llevaba a pensar en que faltaba gente para rellenar el espacio. La cantidad de botones a mi derecha parecía infinita y no tenía idea de a que piso ir. Comencé a probar opciones al azar. En algunos pisos, la puerta se abría y lograba reconocer al instante que ahí no era donde debía estar, así que volvía a ingresar al ascensor e intentaba nuevamente con otro piso. El hecho de que un ascensor fuera mi lugar seguro me preocupaba bastante, siempre les había tenido miedo. Seguí intentado dar con el piso correcto. En algunos tenía que bajarme a investigar, a ver si algo me resultaba familiar y, cuando me rendía a la idea de que por más que quisiera, ese no era mi lugar, volvía al ascensor a seguir intentando. En un momento dejé de tocar botones y...