Ecce Homo

En Borja, un pequeño pueblo en la provincia de Zaragoza, España, nos encontramos con el reconocido fresco del Ecce Homo. El ejemplar original fue pintado por Elías García Martínez en 1930, pero saltó a la fama en 2012 gracias a un peculiar intento de restauración. La repercusión de esta obra es curiosa y hasta graciosa...

La obra original

El cuadro representa la conocida escena de la Biblia en la que Poncio Pilatos muestra al pueblo a Jesús coronado de espinas. Está situada en el Santuario de la Misericordia, en el municipio de Borja, sitio que hasta hace unos años no tenía la misma popularidad que hoy en día.

La restauración

En 2012, Cecilia Giménez Zueco, quien formaba parte de la comunidad de Borja, decidió restaurar un poco la obra que ya estaba bastante deteriorada. Ella era aficionada de la pintura y contaba con la autorización de las autoridades de la institución para llevar a cabo su cometido. Actuó con la mejor de las intenciones y solo intentaba conservar el patrimonio de la pequeña iglesia. No eran muchos los fieles (y menos los turistas) que iban a visitar el lugar, así que Cecilia se tomó su tiempo, y terminado el primer día de trabajo, dejó la obra a medio hacer.

Pero nunca pudo completar su labor...

Ese descanso fue tiempo suficiente para que la obra se difundiera en los medios y que, tanto ella como la pintura se volvieran blanco de burlas y ataques. Ella se ocupó de aclarar que planeaba seguir trabajando sobre la obra al día siguiente, pero no se le permitió. Hasta el día de hoy, el fresco sigue sin modificarse desde aquel intento de restauración y a Cecilia no se le permitió terminar su trabajo.

Todo muy gracioso, pero...

La imagen del Ecce Homo restaurado que tanto se ha viralizado y la explicación del malentendido, me llevan a pensar en dos cosas:

  • Esta situación es un claro ejemplo de cómo en la vida, no todo sale como lo esperamos. Muchas veces las acciones que realizamos con las mejores intenciones, se vuelven fuente de burlas y comentarios negativos. No siempre (casi nunca) podemos controlar el resultado de nuestras acciones.
  • Por otro lado, es llamativo cómo los medios de comunicación, y especialmente las redes sociales, de alguna manera nos muestran solo "resultados". Es irónico que en una sociedad que va tan rápido y se modifica constantemente, hemos perdido un poco la noción del "proceso". No se permiten fallas ni momentos de desorden antes del gran final. Olvidamos que todo resultado conlleva un gran proceso que sucede aunque no siempre se muestre.

Estas reflexiones ponen en jaque a nuestro ego que, por un lado, nos dice que la valoración que otros  hacen de nuestro trabajo debería estar asociada a nuestras intenciones (Hmmm ¿según quién?). Y,  no podemos permitirnos fallar ni siquiera durante el proceso (¿Qué resultados podemos obtener de un proceso en el que no hay intentos fallidos?).

Borja hoy

A pesar de que Cecilia probablemente no esté muy contenta con los comentarios o burlas que ha recibido, hoy Borja es un lugar turístico gracias a la “fama” que cobró su restauración “fallida”. Y aquí me pregunto: ¿la resolución de una situación se vuelve acertada si se alcanzan los objetivos que planeamos desde el principio o si trae consigo resultados positivos?

La obra de la restauradora quedó expuesta sin que ella pudiera finalizar su trabajo. El nuevo Ecce Homo tomó tanto protagonismo que superó el reconocimiento de la obra original ¿Podríamos decir entonces que esa pintura se convirtió en un resultado en sí mismo en lugar de formar parte de un proceso incompleto? Es una buena manera de pensar sobre como un resultado que llamamos “malo” puede en realidad ser parte de un proceso que aún no ha concluido. ¿Quién determina cuál es el resultado y qué valor tiene?
En una sociedad que tiende a juzgar con rapidez, ¿hemos perdido la capacidad de apreciar el proceso y aceptar los errores como parte de él?

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