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El último párrafo

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James Baldwin una vez dijo “Crees que tu dolor y tu angustia no tienen precedentes en la historia del mundo, pero luego lees.” Y esa frase me quedó grabada en la mente. Me gusta leer, siento que es una forma de vivir infinitas vidas que, por una razón u otra, no estamos viviendo. Sin embargo, no siempre me detengo a pensar sobre el valor que tienen los libros para conectar con aquello que si llegamos a experimentar. En la página 204 de su libro El final de la historia , Lydia Davis escribe: “No sabía si escribía tanto sobre él porque había superado el dolor, o si escribía para intentar superarlo. No distinguía entre lo que escribía por rabia y lo que escribía por amor.” Y, mientras leía este párrafo, así como tantos otros, me ví a misma, escribiendo en el cuaderno que él me regaló, relatando una historia especial que no terminó como esperaba. Me ví a misma, feliz y enamorada, y también me ví tratando de salir del pozo más profundo en el que caí. No ví a Lydia Davis, a pesa...

Palabras de jueves

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- Te puedo pedir un cappuccino, por favor? Todavía me quedaba una hora para la cena y me metí en el café más cercano que encontré. Había mucho ruido y yo, sentada en la barra, podía escuchar las discusiones de los mozos que no daban a basto. Aparentemente había un evento en la sala contigua. Me daba intriga saber de que se trataba pero el pensamiento de la taza de café caliente le ganaba a la curiosidad. Saqué mi libro para acompañar el momento pero no lograba concentrarme en la página. Volví a leer el primer párrafo de la página varias veces, hasta que dos mujeres empezaron a hablar demasiado alto para ignorarlas. Acababan de entrar y estaban vestidas de negro, una de ellas, con los labios pintados de un rojo intenso. Tenían aviones de papel pegados a toda la ropa y sostenían hojas que nadie sabía que contenían.  Aparentemente, era la “noche de las lecturas” y las recién llegadas venían a compartir relatos. Cerré mi libro, interesada en las historias que quizás empezarían a cont...

El arte de la creación

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Crear algo desde cero puede ser abrumador . Implica elegir, entre tantas posibilidades, aquello que es particularmente funcional y necesario para dar vida a algo que hasta el momento no existe. Es un ejercicio interesante porque pone en juego todos nuestros criterios y valoraciones. Qué cosas si serán consideradas… qué elementos quedan descartados. Muchas veces, se cometen errores que serán remediados más adelante, una vez que se compruebe el mal funcionamiento. Y otros aspectos serán modificados simplemente porque se descubre una mejor opción. Crear es tomar decisiones , incluso cuando no sabemos que justifica cada una de ellas. Hay momentos en los cuales somos plenamente conscientes de las motivaciones que nos llevan a elegir algo y no otra cosa ¡Qué maravilla cuando logramos identificar el punto de inicio de un proceso de creación! Ese instante en el que, frente a la inmensidad de posibilidades, nos sentamos a debatir sobre cual sería la más apropiada. Que importante ser conscientes...

El plan infinito

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Es necesario perderse para que aparezcan nuevas preguntas y perspectivas. Cuando algo funciona bien, no hay motivación suficiente que nos lleve a modificar lo que estamos haciendo en ese momento. Una parte tiene que romperse para que nazca algo nuevo. Sin embargo, aunque nos guíe la fe ciega de que todo se terminará acomodando en algún momento, es difícil encontrar esos nuevos puntos de equilibrio. Navegar la vida sin referencias como guía puede ser de las experiencias más aterradoras y desesperantes. En esa búsqueda me encontraba, queriendo descubrir verdades absolutas; certezas que garantizaran un buen resultado más allá de la situación o la persona en particular. Esperaba encontrar, por lo menos en algún ámbito, resoluciones que no admitieran dudas o puntos de vista diferentes. En un diagnóstico médico, por ejemplo. - ¿Cómo puede ser que no se sepa la causa de estos síntomas? -    Hay que hacer más estudios. Le recomiendo consultar con más profesionales. - Cada uno m...

Jugar a ser

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¿Alguna vez te pusiste a pensar en la cantidad de sistemas que están en funcionamiento para que cada unx de nosotrxs esté realizando la actividad que sea que esté haciendo en este momento? Sistemas internos de nuestro organismo o sistemas externos como el movimiento de rotación y traslación de la tierra o la gravedad.  Este viene siendo el pensamiento que me ordena en momentos de extremo enojo, frustración, desilusión o tristeza. La vida (ya sea humana o en general) ya es compleja en sí misma.  ¡Ojo! No estoy hablando de “complejo” en el sentido de “complicado”; me refiero a la intervención de múltiples actores y elementos diversos. Simplificar estas relaciones puede ser sinónimo de no contemplar el panorama completo y no sé hasta qué punto este es un análisis que nos aporte información relevante. Pero el hecho de que esta sea una realidad compleja, no tiene porque significar que necesariamente sea complicada, simplemente (o complejamente) implica que son muchos los aspectos...

El arte nos hace humanos

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Me gusta presentarme como “artista”. Creo que eso se debe, en gran parte, a que es una palabra que puede incluir una multiplicidad de manifestaciones completamente diferentes. Por esa misma razón, me cuesta mucho pensar en una definición de “arte”, porque considero que es una palabra que puede abarcar tanta diversidad que definirla, en algún punto, sería limitarla. Sin embargo, si puedo mencionar que el arte, desde mi punto de vista, incluye a todo aquello que nos permite escapar de la estructura lógica en la que vivimos. Como seres humanos, convivimos en comunidades en las cuales hemos definido una serie de normas para lograr o facilitar la convivencia armónica. Ya muchos pensadores, como aquellos que incentivaron la Revolución Francesa, se propusieron analizar ese llamado contrato social en el cual los hombres renuncian en parte a sus libertades individuales para poder mantener el orden mayor a nivel social. Si bien muchas cosas han cambiado desde el contexto francés del siglo XVII...

Destruir la casa

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Cuentan que era tan pero tan chiquitita que nadie lograba distinguirla. Se la pasaba saltando de un lado al otro, siguiendo a los demás en un intento de ser reconocida. Pero en las noches, el dolor del día se volvía insoportable. Igualmente, sentía más el dolor del corazón; ese vacío que no se llena con nada y que parece ser un agujero en el cuerpo. Aún así, al día siguiente volvía a intentar, sin éxito, captar la atención de alguien. No le interesaba quién fuera la persona, ni el motivo que la llevaría a por fin prestarle atención. Pero nuevamente, volvía a casa con una enorme decepción. Un día, se cansó de corretear y saltar por todos lados, y decidió armar un picnic. Consiguió sus frutas favoritas, encontró la variedad de té que más le gustaba y se sirvió un jugo de naranja en una copa ¿Por qué en una copa? Bueno… ¿Por qué no? Y así, llevó una manta a un parque que siempre la tranquilizaba y se instaló en el centro, rodeada de pasto. Allí dejó las cosas a un lado y se acostó. No p...